El mercado del arriendo atraviesa un momento desafiante. A mayor oferta y arrendatarios más informados, muchos inversionistas ven cómo sus propiedades pasan semanas —o meses— publicadas sin lograr concretar contrato. ¿El problema es solo el precio? No necesariamente. Así lo plantea Sandra Jerez, gerente general de Capital Inteligente, quien desde su experiencia entrega claves prácticas para arrendar más rápido y mejor, sin sacrificar rentabilidad.
“Hoy los arrendatarios miran mucho más que el valor mensual”, explica Jerez. El precio sigue siendo relevante, pero dejó de ser el factor decisivo. Quienes buscan arriendo comparan el estado general de la vivienda, si está bien mantenida, equipada, cuánto pagarán en gastos comunes y qué tan bien ubicada está dentro del barrio.
De hecho, en un escenario de alta competencia, una propiedad levemente más cara puede arrendarse antes que otra más barata si ofrece algo clave: la posibilidad de “llegar y vivir”. Departamentos que evitan gastos inmediatos en arreglos, cortinas o equipamiento básico suelen tener ventaja.
Diferenciarse sin bajar el canon
Cuando el aviso no genera llamados, la reacción más común es bajar el precio. Sin embargo, Jerez advierte que esa no siempre es la mejor estrategia, especialmente en zonas con mucha oferta. “Diferenciar la propiedad suele ser más efectivo que desvalorizarla”, sostiene.
¿Cómo hacerlo? Con acciones concretas y relativamente simples: incorporar equipamiento básico como refrigerador, lavadora o una encimera moderna; entregar el departamento completamente habilitado, con luminarias y cortinas instaladas; o mostrar flexibilidad contractual, permitiendo mascotas pequeñas o acordando fechas de pago. Incluso, ofrecer un incentivo puntual —como un descuento el primer mes— puede acelerar el cierre sin tocar el valor del arriendo en el largo plazo.
¿Vale la pena cambiarse por $30 mil menos?
Para quienes ya están arrendando, Jerez es clara: en la mayoría de los casos, no conviene cambiarse por diferencias menores. “Mudarse implica costos que muchas veces no se consideran: mudanza, mes de garantía, arriendo por adelantado y nuevos gastos de habilitación”, explica.
Con diferencias de $30.000 o $50.000 mensuales, el ahorro real es bajo y se demora mucho en compensar. Desde una mirada económica, el cambio empieza a ser atractivo recién cuando la brecha se acerca a los $100.000 mensuales o más, y siempre que la nueva propiedad mantenga un estándar y ubicación similares.
Retener es más rentable que reemplazar
En un mercado competitivo, la retención se vuelve una estrategia clave. “Un buen arrendatario vale oro”, afirma Jerez. Mantenerlo suele ser mucho más rentable que enfrentar vacancias, publicaciones y procesos de selección.
Las fórmulas son diversas: moderar o congelar reajustes, mejorar la vivienda, renovar artefactos antiguos o agregar equipamiento valorado por quien vive allí. Muchas veces, no se trata solo de dinero, sino de disposición a negociar. “Cuando el arrendatario siente apertura al diálogo, se construyen relaciones de largo plazo, y eso hoy es una ventaja competitiva real”, concluye.
En tiempos donde arrendar ya no es automático, la gestión activa y estratégica de la propiedad puede marcar la diferencia entre un inmueble detenido y uno que sigue generando ingresos de manera estable.
(Fuente: prensaeventos.cl)